lunes, 9 de enero de 2017

Cómo conocí a Natalia Ginzburg



Abogado, doctor y librero; abogada, doctora y librera. Son los tres profesionales de confianza que cada vez tengo más claro que toda persona necesita en su vida. Sin mis libreros me habría perdido algunos de los momentos más maravillosos que he vivido en mi vida en los últimos años, entre ellos lo que he pasado leyendo a Natalia Ginzburg.

Feria del Libro de Madrid del 2016. Paseo de coches del Retiro. Las casetas se alinean pero yo voy a tiro fijo a mi primera parada: la caseta de "La Buena Vida". Allí veo concentrados algunos de los libros que llevo en mi "lista de deseos" y comienzo a hojearlos uno a uno. El librero, paciente, espera con una sonrisa el momento de extraer de un montón, al que yo aún no me había acercado, un volumen para tendérmelo amablemente. Léxico familiar, Natalia Ginzburg, leo. Le miro asombrada. "No la conozco". "Pues es maravillosa". Igual que obedientemente suelo seguir las prescipciones médicas de mi doctora, cojo el libro y lo añado a mi montón. Salgo del Retiro con ese libro destacando en mi cabeza sobre todos los demás y, cuando al llegar a casa, lo abro por la primera página, sé que voy a descubrir a una de esas autoras que van a formar parte de mi vida, de mi propio "Léxico personal".

Natalia Ginzburg fue una mujer con una vida tan interesante como intensa. Desde pequeña mostraba una timidez con la que yo siempre me he sentido identificada, una timidez que la obligaba a permanecer en un segundo plano porque sus cuatro hermanos, mayores que ella, no la dejaban hablar ni terminar sus historias. Ellos eran gritones, respondones, apasionados en la defensa de sus ideas. Natalia nace el 14 de julio de 1916 en el seno de una familia de origen judío por parte de padre y católica por parte de madre, si bien no practicantes, que luchó contra el fascismo de Mussolini y defendió las ideas socialistas con decisión.

Natalia, en ese ambiente tan involucrado política y socialmente, nunca destacó por ser una buena estudiante pero sí por una pasión que consiguió llevar adelante: la escritura. Me la imagino en esa casa ruidosa, observando silenciosa cuanto pasaba en ella, sintiéndose pequeña, fea, insignificante, y yendo rauda a encerrarse en su habitación para escribir sus poesías y sus cuentecillos contando todo cuanto veía.

Poco después de dejar atrás su adolescencia tranquila e insegura contrajo matrimonio con Leone Ginzburg, un intelectual judío amigo de la familia, al que su padre calificó como "feo" pero que era lo que llamaríamos "un buen hombre". Sencillo, retraído pero también luchador incansable contra el fascismo y el nazismo que ya avanzaba por Europa, sufrió las consecuencias de su lucha. Primero le detuvieron y encarcelaron, luego arrebataron la nacionalidad italiana (no era italiano de nacimiento sino ucraniano), después le condenaron al confino o exilio a la zona de los Abruzos y posteriormente volvieron a detenerle para torturarle hasta la muerte en 1944.

Natalia compartió con él todos esos momentos con amargura y tristeza pero siempre con la esperanza de que todo se resolvería, de que vendrían tiempos mejores. Cuando Leone fallece, Natalia, sola, con tres hijos pequeños, debe comenzar una nueva vida y aprender a vivir con todo el dolor que la Segunda Guerra Mundial y el fascismo ha dejado en su vida.

¿Cómo no admirar a Natalia? ¿Cómo no querer saber más de ella? Natalia se refugia en la escritura y fiel a su estilo limpio, llano, libre de todo tipo de adornos y superficialidades, desgarra la realidad que la rodea y se aferra a ella para contar sus historias. 


A pesar de su origen judío, no fue consciente de que ese hecho fuese determinante para su vida hasta que vio cómo su familia era perseguida por ello. A pesar de ser mujer, no fue consciente de lo difícil que sería abrirse camino en el mundo literario por pertenecer a ese género hasta que no intentó meter su pluma en él. Natalia no fue una feminista al uso. No escribió estudios de género (ella misma admitió que le aburrían) ni obras reivindicando la igualdad de la mujer. Pero sí fue una feminista porque consiguió, siendo mujer, ocupar un puesto importantísimo entre los grandes de la literatura italiana de mediados del siglo XX. Se ganó el respeto y admiración de Italo Calvino, Giulio Einaudi, Cesare Pavese, Norberto Bobbio, y logró integrase en un mundo de hombres tan machista como era el mundo intelectual de la Italia de los años cincuenta. Luchó de la manera que ella consideró que en su época debía hacerse: se casó, tuvo hijos, llevó una casa pero al mismo tiempo escribía como un hombre, hablaba como un hombre, fumaba, bebía... Hasta que un día se dio cuenta de que por más que lo intentase había algo de su feminiedad que seguía sobresaliendo en su escritura. Dejó de luchar contra ello y así se convirtió en una mujer que triunfaba en un mundo de hombres, que escribía con la distancia de un hombre pero con el corazón de una mujer. Y aquí está la clave de su escritura.

Tras la muerte de Leone y soñar con el suicidio logró, con la ayuda de sus padres, retomar su vida, y en ella, continuar luchando por sus hijos. Después se casaría de nuevo, con Gabriele Baldini, llena de ilusión y de alegría. Pero la vida le azotaría otra vez. La primera hija del matrimonio nacería con una malformación que, gracias a varias operaciones médicas, no fue mortal aunque sí le haría necesitar de asistencia de por vida. El segundo hijo, Antonio, moriría poco después de haber cumplido un año de vida. Oriana Fallaci, la conocida periodista, escritora y activista italiana (primera mujer italiana corresponsal de guerra) dijo de ella, cuando entrevistó a Natalia: «Ni guapa ni elegante, con rebeca y falda de color azul ceniza, con ese aire un pelín apagado de tía soltera y sin edad definida... Sorprende su voz, como de femme fatale. Es como si fuera la voz de otra y te atrapa, te fascina...». Cuando lees a Natalia Ginzburg entiendes a qué se refiere Fallaci a la perfección. Esa misma voz que atrapa y te fascina es la que usa al escribir, la que despliega cuando cuenta anécdotas de su vida que podrían ser la de la tuya, cuando pasas las páginas una tras otra y no puedes dejar de leer con una sonrisa a veces, con una lágrima otras, un recuerdo sobre un amigo suyo, una anécdota sobre su padre, un latiguillo que repetía su madre...

Cuando Natalia queda viuda por segunda vez sigue sin ceder al desánimo. Se refugia en su escritura cristalina, simple en apariencia pero que destila melancolía y nostalgia por los cuatro costados, para contar su historia, una historia que no nos sorprende porque podría ser la nuestra. No en vano, Elena Medel, prologuista y traductora de algunas de las obras de Natalia publicadas por la Editorial Lumen dice: «Yo, Elena, nací con otro nombre y en otros años y en otra lengua, y en cambio todos los recuerdos que Natalia evoca en Léxico famliar se corresponden con los míos». La tristeza nunca la abandonaría en toda su vida pero sentada en su casa de Roma, en la Piazza Campo Marzio, con un montón de folios en el regazo y fumando un cigarro tras otro, lograría escribir todas esas historias que parece que dicen poco pero que dicen tanto. Tanto que una vez que la lees ya es imposible olvidarla. Nunca más. 

Entrada creada en el marco de la iniciativa de Adopta una Autora, proyecto que tiene como objetivo, tal y como indica su nombre, adoptar una autora (que conozcas, quieras conocer y, sobre todo, desees dar a conocer) independientemente de su raza, religión, orientación sexual, época o temática. Un proyecto sumamente interesante sobre el que podéis obtener más información en su blog https://adoptaunaautorablog.wordpress.com. ¿Se animan?

12 comentarios:

  1. Me ha gustado mucho tu presentación, Raquel!^^ Muy personal y cercana, se nota que te encanta esta escritora..
    Aunque la conocía, no he leído nada suyo, pero tranquila que le pondré remedio jejej
    Presiento que después de este proyecto adoptante nuestras vidas lectoras no volverán a ser igual :D

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    1. Cómo me alegro de que te haya gustado... Creo que Natalia es una de esas autoras que merece la pena y que además se adapta a todo: puedes leerla del tirón, o a trocitos pequeños; en el metro o en tu sofá de lectura tomando notas. Coméntame tus impresiones cuando la leas ;-)

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  2. ¡Hola!
    Me gustó tu entrada y como nos vas platicando el como conociste a la autora. Yo hecdeconfesar que no la conocía pero creo que ese es el fin de este proyecto y ya me la he anotado y espero conocer un poco más de ella y sus obras a través de tu blog. ¡Saludos!

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    1. No me va a dar la vida para todas las autoras que estoy conociendo y redescubriendo con este proyecto :D Me halaga que te hayas apuntado a Ginzburg en tu lista de próximas lecturas. Ojalá te atrape y te emocione *_*

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  3. Hola, Raquel

    La presentación es para que te enganches a la autora, cuando acabe con lo que tengo pendiente me voy a poner con Todos nuestros ayeres o Familia, ya me dirás cual me recomiendas.

    Saludos

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  4. ¡Hola Eva!
    Pues si te soy sincera aún no he leído ninguno de esos dos libros de Natalia. El que sí tengo ya en mi estantería esperándome es el de Todos nuestros ayeres así que ese será el próximo libro que lea suyo. ¿Comienzas por ese y así lo comentamos? ;-D

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  5. ¡Qué entrada más preciosa! No conocía a la autora pero hablas de ella de una forma maravillosa, de verdad. Creo que es muy bonito. La anécdota del librero del principio sobre como la conociste, después de ver el sentimiento que saca de ti, es casi como una señal de que ese libro estaba allí para tí y, en cierto modo, el librero lo sabía.

    Preciosa entrada :)

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    1. Sí, la verdad es que Léxico familiar estaba esperándome sin que yo lo supiese. Es curioso cómo ese librero supo adivinar mejor que yo misma lo que necesitaba leer en ese momento. Me alegro muchísimo de que te haya gustado... fíjate que creo que si tu autora y la mía, Natalia y Svetlana, se hubiesen conocido, se habrían llevado a las mil maravillas ;)

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  6. ¡Holaaa! Ya estoy aquí. :3
    Oh, conforme la has descrito, ¡sentí que era yo misma la que habita en tu entrada!*_* De verdad, me sentí muy identificada con la persona que imaginé. Quizás me equivoque, pero eso ya lo iré reconociendo a medida que nos la presentes. De momento, sé que la leeré en algún momento, sin duda.
    Ahora, ¡a esperar tu segunda entrada! *_*
    Besos,
    Diana.

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    1. ¡Vaya! Creo que cuando Natalia entre en tu vida se va a quedar en ella... porque, si te ha gustado esta presentación, cuando la leas a ella directamente, la oigas hablar y la conozcas te va a tocar de lleno. Ya me contarás...
      Un besote

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  7. Hola Raquel
    Me acabo de encontrar con tu blog y me gusta. Yo conocí a Natalia Ginzburg hace tiempo, escribo relatos breves y, por azar leí Los zapatos rotos. Me impresionó tanto que traté de ponerme en su piel y escribir una página de su Diario cuando estaba gestando ese relato. Después vinieron Todos nuestros ayeres ... y ya habita en el rincón de mi librería con otras mujeres que me han ayudado y me siguen ayudando a vivir: Dorothy Parker, Colette, Edith Wharton, Lorrie Moore, Cristina de Pizán, ... ¿Qué sería de mi sin ellas? No lo puedo imaginar
    Gracias por compartir tus lecturas.
    Un beso,
    Alicia

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  8. ¿Qué sería de nosotras sin todas esas mujeres que comentas? Gracias a ellas creo que muchas nos hemos dado cuenta de que lo que nos sucede (a diferencia de lo que tradicionalmente aparece en literatura escrita por hombres) ni es tan raro, ni es tan malo. NI somos tan frágiles, ni somos tan fuertes. Simplemente somos mujeres y creo que esa es la grandeza de autoras como Natalia Ginzburg, que logra transmitir en su peculiar estilo directo la complejidad del universo emocional ya no solo femenino sino humano.
    Me encanta que también seas fan de ella. Naty... es mucha Naty. Bienvenida a este pequeño rincón literario. Siéntete como en tu casa.
    Un abrazo

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