lunes, 27 de febrero de 2017

La Maison Volpé - Natalia Ginzburg


Título original: La Maison Volpé [Incluído en el libro Las pequeñas virtudes]
Edición: Acantilado. Febrero 2002 (1ª ed. Séptima reimpresión Junio 2016).
Traducción: Celia Filipetto
Páginas: 49-57
ISBN: 978-84-95359-66-7
Precio: 14,00€
Calificación: 10/10
"Los bidones de basura no son alegres en ningún país del mundo. Pero yo creo que en ningún país del mundo son como aquí, grandes, grises, visibles y repletos, impregnados del humo gris del aire, y cargados de una desolada melancolía". (Pág. 57)
En la línea de Elogio y lamento de Inglaterra, Natalia Ginzburg vuelca aquí toda la nostalgia que la envuelve durante su estancia en Londres, desde 1960 hasta 1962, mostrando sin tapujos, de una forma llana y clara, su dificultad para adaptarse a esta ciudad, para comprender sus costumbres y su carácter. Si bien en Elogio y lamento hace una visión general de la vida londinense, en La Maison Volpé, escrito un año antes, en 1960, se centra en un aspecto concreto: la gastronomía. Para ello toma como punto de partida un lugar situado al lado de su casa que lleva ese mismo nombre, donde nunca ha entrado, cuyo fin desconoce (¿un restaurante? ¿un café?) pero cuyo nombre parisino y su estética londinense quedará grabado para siempre en su memoria. Quizás porque volpe en italiano significa zorro; quizás porque representa el carácter londinense al impedir la visión de su interior con pesados cortinajes, quizás porque así es como se siente la propia Natalia (oscura, retraída, meditabunda) es la imagen literaria que elige Natalia para hablarnos de cómo se siente en Londres.

La autora nos acerca a su hermética fachada y nos obliga a mirar entre los huecos de las cortinas para ver si vislumbramos algo de su interior, a abrir con sigilo la puerta, asomar la cabeza y penetrar en ese supuestamente oscuro, enmoquetado y enconrtinado establecimiento. Natalia no se queja de vivir allí, no protesta airadamente pero tampoco se resigna. Simplemente, con ese estilo suyo tan peculiar, entre periodístico y antropológico, nos pone sobre la mesa un menú de hechos para que nosotros hagamos con ellos lo que mejor nos parezca. No intenta convencernos, aparentemente, pero nos convence al trasladarnos su tristeza y el polvo que cubre los muebles.
Con su fina ironía y su sutil humor, Natalia nos cuenta cómo los ingleses admiran extasiados un plato con un bistec negro y una hoja de lechuga y exclaman grandilocuentes «Oh, it is luxurious! it is delicious!» y un lector latino, al leer ésto no puede menos que soltar la carcajada porque entiende perfectamente a Natalia. Si Natalia hubiese sido más expresiva y más dada a los barroquismos habría metido en el texto algo así como: «Luxurious? Delicious? ¿Una hoja de lechuga? ¿Un bistec negro? ¡No tenéis ni idea! Cómo se nota que no habéis comido un buen risotti con un spumante! ¡O un brasato o un bollito!».  

Pero Natalia no recurre a este humor facilón, no es su estilo, sino que con gran sarcasmo se ríe de esa comida con nombre de insulto:

"A mí me parece que incluso ciertas palabras utilizadas para indicar comidas o bebidas tienen un sonido injurioso y revelan odio y desprecio: «Snacks-squah-poultry». Semejantes palabras, ¿no parecen insultos? Significan simplemente bocadillos, naranjada, aves de corral". (Pág. 56)
Reflexiona de forma inteligente e irónica sobre las costumbre inglesas. Sólo le falta decir que la imperfección es bella, y que por muy perfectos, correctos y civilizados que sean los ingleses, ella prefiere las reuniones italianas repletas de comidas que saben a comida y de gritos que te hacen sentir viva.

2 comentarios:

  1. Vaya, me encantó la cita con la que abres la reseña. Luego leo cocina y me digo: ¿pero qué es esto? Pero no, veo que mis impresiones eran correctas y que lo de la comida es una mera excusa para hablarnos de su visión de Londres y los londinenses.
    A Natalia Ginzburg la tengo anotada como autora pendiente. A ver si consigo por fin ponerme con ella. Ya te seguiré la pista ;)
    Besos

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  2. Sí, nada en Natalia es superficial aunque lo parezca. De ahí que recurra a cosas tan triviales como la comida o los cubos de basura para hablar de una cultura entera y de su estado de ánimo, tan triste y negativo durante su estancia en Londres. Ojalá te animes a comenzar con ella. El libro al que pertenece los relatos que estoy reseñando estos lunes, "Las pequeñas virtudes" es perfecto para leerlo a ratitos porque son ensayos muy cortitos, aunque es aconsejable conocer algo de su vida previamente a fin de poder sacarles más jugo.
    Muchísimas gracias por pasarte por aquí y ese abrazo gordo, Lorena.

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