martes, 20 de junio de 2017

No, mamá, no - Verity Bargate



Título original:  No Mama No
Traducción: Mireia Bofill
Edición: Rara Avis. Alba (1ª edición. Mayo 2017). 
Páginas: 174
ISBN: 978-84-9065-309-8
Precio: 16,90€
Calificación: 10/10

Mira que me lo he dicho veces: «cuidado con los libros cortitos; son los más peligrosos», pero aun así sigue sorprendiéndome la capacidad que algunas obras tienen para conmoverme, agitar el suelo por el que piso, tambalear mis estereotipos literarios. Este es uno de ellos. Hacía meses que no leía un libro (excepto Oculto Sendero de Fortún) que me embarcase con tanta pasión en la vida de su protagonista, como si pasando su brazo con fuerza sobre mi hombro me dijese, «ven, sígueme, lee atentamente, vive mi historia». Porque es un libro que se vive ya que, la honestidad con la que está escrito y el estilo tan hipnótico que despliega, le convierten en una obra sobre la que es imposible caminar sin acompasar la respiración a su ritmo. Lo cogí a ciegas cuando la lectura de la sinopsis de la contraportada me convenció para incorporarlo a mi catálogo de #MaternidadesLiterarias. Sin embargo, mis expectativas se han visto superadas y eso que, como decía, siempre suelen ser altas cuando el libro es "cortito".
«Lo que más me impresionó cuando me dieran a mi segundo hijo y lo cogí en brazos fue la total ausencia de sentimientos. Ni amor. Ni cólera. Nada.» (Primeras líneas del libro. Pág. 13)
Sinopsis muy sencilla: una mujer, tras dar a luz a su segundo hijo cae en una terrible depresión post parto porque su deseo de ser madre de una niña no se ha visto tampoco, en esta ocasión, cumplido. ¿Sencilla? Tras leerlo no lo considerará así en absoluto, se lo aseguro. Verity Bargate, nos coloca a bocajarro en el abismo de esa depresión ya en la primera página y a partir de ella nos va deslizando cada vez más en el foso de ese abismo de forma lenta, como si estuviésemos resbalándonos con todo nuestro cuerpo por esa pendiente embarrada, a cámara lenta, sin nada a lo que agarrarnos para evitar la caída, ni una raíz, ni un pedrusco, ni un desnivel en esa cuesta. Jodie, la protagonista, una mujer que vive en el Soho, sorteando dificultades económicas porque tras ser madre ha dejado de trabajar, se obsesiona con que el motivo de su infelicidad es su imposibilidad de poder dar a una hija todo el amor que ella no recibió de su madre. Plantearse tener un tercer hijo, "intentarlo de nuevo", está descartado porque, a pesar de su supuesta locura, reconoce que su matrimonio con su esposo, David, ya está acabado. 
«Se refería a David como "su pobre marido" o "su desgraciado esposo" y habló mucho de él. Hablaba en apartados y fue abriendo cada uno de ellos con una referencia a David. (...)El primer apartado se referió a la infelicidad de David; no dijo nada de la mía.» (Encuentro de Jodie con el psiquiatra. Pág. 43)
A pesar de ello accede a visitar a un psiquiatra pero a su consulta solo acude en una ocasión. Sin embargo, la figura de este médico indiscreto y poco profesional tiene una gran relevancia en la trama pues da énfasis a una idea que aparece en varias ocasiones en el libro: cómo los hombres son capaces de aliarse entre sí para enfrentarse a la mujer incomprendida, y por supuesto, salir victoriosos. Como apunte curioso, la protagonista se refugia en la relectura de sus libros favoritos como una forma de hacer más llevadera su rutina diaria de biberones, pecho y pañales. Algunos de esos libros son Orlando, de Virginia Woolf (de hecho, a ese segundo hijo le llama así, Orlando) o En Grand Central Station me senté y lloré de Elizabeth Smart, o El fin del romance de Graham Greene, todos íntimamente relacionados con el argumento del libro. Nada se deja al azar a pesar de esa verborrea directa y bruta, ausente de pulido.
«—Hay algo que quería decirte —dije—, algo en lo que he estado pensando mucho. Esa vez que me obligaste a abortar, justo antes de casarnos. Apuesto a que habría sido una niña.» (Pág. 52)
Verity Bargate
Apenas he podido encontrar por Internet más información que la que aparece en la bio de la solapa del libro y que prácticamente se corresponde con la que hay en la Wikipedia. En un artículo leí que en la vida real ella tuvo dos hijos, los cuales quedaron tras su muerte al cuidado de su padrastro. Una reseña de Goodreads dice que Verity Bargate escribió este libro del tirón, mientras sus dos hijos tenían varicela, lo cual explicaría su estilo en bruto, apena pulido que le da ese aire tan fresco y auténtico, como si estuviésemos leyendo un diario, escrito sobre la marcha sin pararse a reflexionar demasiado sobre lo que está sucediendo más que para transcribirlo sobre el papel. ¿Es esta historia autobiográfica? No podría decirles... pero la forma en la que la cuenta es tan creíble, tan rica en detalles a pesar de su economía lingüística, que al menos lo parece.
«Opté por lavarme. David era un practicante bastante entusiasta del ritual de exaltación del pene de la noche del sábado. Seguramente millones de mujeres eran violadas en nombre del amor conyugal en todo el país las noches de sábado.» (Pág. 88. ¡No me digan que no es esta una frase para exclamar un exultante Woooooowww!)
La protagonista recuerda algunos retazos de su infancia como, por ejemplo, aquella vez que se enteró de que su madre había descrito su parto como «un viaje a las puertas de los infiernos» o esos veranos que pasaba con una familia de acogida que por más que se esforzaron en convencerla de que ella era un miembro más del núcleo se reservaban determinado momentos para ellos solos en los que ella no podía participar. Ese desapego de su madre hacia ella es lo que le ha conducido a obsesionarse de forma compulsiva con la idea de tener una hija, a fin de poder representar esa figura maternal de la que ella careció. La forma en la que algunas mujeres se aferran a la maternidad como una solución factible a sus problemas, y sobre todo, como una manera de reconciliarse con su propio pasado, transcenderse a si mismas a través de sus hijos en quienes vuelcan todas sus miserias y sus miedos, sus proyectos y sus sueños, desviviéndose por que ellos vivan la vida que ellas querrían pero no pudieron vivir, como si a través de ellos la vida les diese una segunda oportunidad para poder ser vivida, se lleva en este libro a su máximo extremo.
«Cuando hube terminado y bajó los ojos para mirarse y después contemplo a Orlando, me miró perplejo, casi con miedo, y protestó:—No, mamá; mamá, no.—Sí, Mathew; Mathew, sí». (Pág. 114)
En conclusión, No, mamá, no, va mucho más allá del tratamiento de una depresión postparto pues trata temas tan vitales como la forma de vivir la maternidad, la soledad, las expectativas, la relación de pareja, la amistad entre mujeres, el vacío existencial que se rellena con sueños imposibles, la traición más terrible, la unión de los hombres contra las mujeres. El giro que da la novela cuando inesperadamente aparece una antigua amiga a la que daba por perdida y su desenlace, la convierte en una de esas obras-joyitas inolvidables que a pesar de haber pasado desapercibida durante tantos años, por fin se ha podido editar. Para leer, releer, comentar con amigas y profundizar, No, mamá, no me ha hecho exclamar un Sí, Verity, sí. 

6 comentarios:

  1. Raquel has logrado que ahora sienta que necesito leer el libro, te había visto comentarlo en Twitter y aunque de entrada no es un tema que buscaría en mis lecturas, creo que valdrá la pena salir de mi zona de confort. Me lo voy a apuntar de una vez en mi wishlist para buscarlo. Porque esas historias aparentemente sencillas, resulta que no lo son tanto.
    Besos

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    1. Cómo me alegro de haberte contagiado mi pasión por este libro, Teresa. Efectivamente, es una obra para salir de la zona de confort, no solo por el tema que trata, sino por cómo lo trata y cómo resuelve la trama. Cuanto más profundizas en él más te das cuenta de todo lo que esta mujer consigue contar/denunciar en tan poco. No le sobra ni una coma y, si profundizas en él, te das cuenta de que tampoco le falta ninguna. Es redondo.
      Ya me contarás!!!
      Un besazo y mil gracias por tu visita. Como siempre, un placer ;-)

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  2. «Ven, sígueme, lee atentamente, vive mi historia» y caigo rendida a tu reseña y a esta lectura... Pocos libros hablan de la depresión postparto de una manera tan clara, pocas veces se reconoce, y asumiendo que habrá polémica, que la idea que nos inculcaron sobre la maternidad nada se parece a la realidad.... Y desgraciadamente aún hoy, se piensa que tener un bebé arregla los problemas ...
    La frase sobre la violación dentro del matrimonio, me parece tremendamente brutal, ¿cuánta gente piensa todavía que el marido tiene ese derecho? Recuerdo que cuando hacía la Práctica Jurídica pregunté algo parecido en penal, y el tipo que nos daba clase, me miró fatal por ponerle en ese brete, porque me dio la sensación que dijo lo que yo quería oír, pero le costó contestar, lo que me hizo sospechar que no pensaba así, o al menos dudó...
    El caso es que esta joya que nos traes de apenas doscientas páginas ya se ha ido a mis pendientes, me ha hecho exclamar un Sí, Raquel, sí. ;)
    MIllones de besotes!
    PD: un solo con doble de hielo xD

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    1. Solo con doble de hielo marchando!!! Efectivamente, el tema del por qué de muchas maternidades, esa creencia de que gracias a ella las mujeres "taparemos huecos" o "nos realizaremos como personas" se trata aquí sin ambigüedades de ningún tipo, de forma directa, así como las consecuencias de ello. Si buscas un libro que tire por tierra cualquier tipo de idealización de la maternidad este es, sin duda, uno de ellos. Si buscas también uno en el que la mujer hable sin tapujos de cómo ser mujer, su concepto de la amistad, y cómo la vida de muchas van avanzando a trancas y barrancas, este también es uno de esos libros.
      Espero que te guste y también tu opinión si finalmente te decides a leerlo. Avísame y para la próxima visita saco tarta de zanahoria ;-D
      Un besote.

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  3. Justo leo esta reseña después de que ayer viera "Tenemos que hablar de Kevin", en la que se aborda también otro tipo de maternidad que nada tiene que ver con la idílica y convencional. Es una peli que me removió y supongo que porque al igual que esta novela, plantea verdades incómodas.

    Me encanta tu sección "Maternidades literarias". Solo puedo decir: QUIERO LEERLA. Y voy a dejar de pasearme por tu blog porque entonces voy a salir directa a la librería a dejarme medio sueldo jejeje.

    Me parece fantástico que existan las novelas en las que se cuestione la maternidad tan "dulce e ideal" que realiza a todas la mujeres. Cada mujer tiene sueños distintos a las demás. No todas las maternidades se viven igual y desde luego no todas las relaciones entre madre e hija están basadas en la ternura, la complicidad y el afecto.

    Me parece muy interesante que se aborde el tema de la depresión potsparto. Muchas mujeres desconocen que pueden sentirla y se culpan muchísimo por hacerlo.
    Yo también digo SI a Variety.

    Otro abrazo!

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    1. "Maternidades literarias" surge precisamente de las inquietudes que como tú bien dices, abordan a todas las madres cuando se dan cuenta de que la idealización de esta etapa de la vida es tan brutal que si no se sienten todo el día felices cantando nanas de la luna, cambiando pañales, y durmiendo tres horas diarias es porque son "malas madres". Rebuscando en las estanterías me he dado cuenta de que hay muchísimos libros que tratan el tema no solo con una gran honestidad sino también con una grandísima calidad literaria. Y este es el caso. Al igual que el mencionabas de "Tenemos que hablar de Kevin".

      Distintos ejemplos pero cuyo fondo es el mismo: la maternidad alejada de esa idílica imagen que nos han vendido durante décadas con mujeres pasando plumeros con un niño en una cadera o haciendo tartas caseras mientras los críos sonrientes mantienen La Cocina limpia ;-D

      Una perspectiva creo que muy necesaria tanto para madres como para las que no lo sean, pues, en definitiva, son mujeres hablando de sus experiencias (reales o imaginarias) como mujeres para mujeres (y también, para hombres, aunque estos aun se resistan).

      Ese abrazo gordo.

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