lunes, 10 de julio de 2017

Lecturas de junio


«En el país de los cuentos el escritor es el rey. Él dicta todas las reglas, solo debe cuidarse de no pedir al lector más de lo que este puede conceder razonablemente. Recuerda, el lector es un cliente muy pero muy exigente, obstinado, que arrastra los pies y se irrita con facilidad».
Con esta cita de Notas para un escritor, incluido en Cuentos Escogidos de Shirley Jackson, comienzo mi viaje por las lecturas que me han acompañado durante el mes de junio, pues reconozco que soy una de esas clientes exigentes y obstinadas que patalean, arrastran los pies y se irritan. Desde que comencé a hacer mi propio ranking a principios de este año, noto una cierta incertidumbre, un estómago que me aprieta y me presiona, cada vez que tengo qué elegir qué libro me ha gustado más y cuál menos. Quienes me siguen comprobarán que son muy pocas las ocasiones en las que hablo mal de un libro y es por un motivo muy sencillo: si cuando lo comienzo no me llena, no me ando con medias tintas, lo abandono. Sí, soy una radical de una crueldad insoportable en cuanto a libros se refiere. No me obligo a leer un libro que no me gusta, ni a continuar hasta el final por el mero hecho de haberlo comenzado (ya hay bastantes cosas en la vida que se hacen por obligación como para convertir la lectura en una de ellas). Quizás, por ese motivo, me cuesta empatizar con aquellos que en aplicaciones como Goodreads dan una estrella a un libro, ¿por qué lo leíste entonces si tan horroroso te pareció desde el principio? ¿por qué fustigarse con la lectura cuando ésta debería ser un placer? El debate queda en el aire. Sólo quiero aclarar una cosa: las lecturas de este mes han sido excepcionales; su orden en el ranking no obedece tanto a si me han gustado o no (todas me han gustado y me han parecido de una calidad sobresaliente) sino a una pregunta que me he hecho expresamente en esta ocasión: ¿lo incluiría en mi maleta si tuviese que elegir entre los libros que me llevaría a una isla desierta? ¿me ha sorprendido/revuelto/removido? A decisiones difíciles, preguntas extremas... Allá voy. 

1. No, mamá, no. Verity Bargate. Mi «libro revelación del año». La calidad literaria de esta pequeña joyita es tan brutal que no solo me tiene encandilada, sino que cada vez que me acuerdo de ella me siguen temblando los músculos por la profunda emoción que me produjo su lectura. (Podeís leer la reseña aquí). La depresión postparto sigue siendo un tema tabú a pesar de que Verity Bargate ya habló de ella en esta novela publicada en 1978. A la impresión de leer a una mujer hablando de este tema se une la admiración por cómo lo plantea, lo desarrolla y, sobre todo, lo resuelve. Un auténtico alegato feminista que convierte este libro en una obra universal, apto para madres y no madres, que remueve los cimientos de la identidad femenina tradicional. La forma en la que conmueve con su lenguaje, su trama y sus personajes perfilados, hace que exclamemos un «Sí, Verity, sí» y que incorporemos (al menos en mi caso) su libro a nuestra propia selección de clásicos destinados para permanecer, que diría Elvira Lindo. Sí, Verity, Sí. Y, por favor, Rara Avis, publicad más obras de ella.

1bis. Apegos feroces. Vivian Gornick. ¿Cómo elegir entre este libro y No, mamá, no? Dos obras completamente distintas. Mientras el primero habla de #MaternidadesLit desde la perspectiva de la madre, Vivian Gornick habla de esas #MaternidadesLit desde la perspectiva de la hija, una hija cuya relación con su madre ha sido siempre complicada. ¿Qué relación madre-hija no lo es? Esos paseos por Nueva York, siendo ya la madre una anciana y la hija una mujer experimentada en la vida, facilitan el reencuentro entre dos personas que, queriéndose, no se han encontrado emocionalmente a pesar del tiempo que han pasado juntas. Una historia de amor, odio, enfrentamientos, rencores y reproches en la que prima al final un mensaje precioso: es más lo que nos une que lo que nos separa. La aceptación de la persona que más nos ha amado, aunque a veces no haya sabido cómo demostrarlo, convierte este libro maravilloso en otro de esos clásicos que me acompañarán en mi viaje a una isla desierta. 

2. Al faro. Virginia Woolf. Toda una vida oyendo hablar sobre Virginia Woolf, leyéndola a través de terceras voces, y no escucho su voz de primera mano hasta este año. Me consuelo pensando que todo tiene su momento, que los libros te escogen (y no nosotros a ellos), pero aun así no dejo de perdonarme el haber vivido tanto tiempo sin haberla leído antes. Es maravillosa. Quienes la hayan leído, y en concreto esta obra, sabrán a qué me refiero. Y quienes no, mi consejo es este (y miren que soy poco dada a dar consejos, «no se aprende en cabeza ajena», como dice mi madre): no pierdan tanto el tiempo, como yo hice, sin leerla. Virginia es calma, es paz, es tormento, es pasión, es reflexión, es introspección. Su inquietud por analizar el transcurso del tiempo, leit motiv de este libro, y exorcizar las figuras de su infancia la lleva a una descripción minuciosa de dos episodios de su vida que nos obligan a mirar nuestras entrañas para luego preguntarnos: ¿cuál es mi faro? 


3. Leonora. Elena Poniatowka. ¿No lo has leído? Me preguntaron mis libreras de @Lib_Mujeres. Tienes que hacerlo. Y lo hice. Y menudo descubrimiento. ¿Recuerdan haber estudiado a Leonora Carrington si cursaron la asignatura de Arte en el Instituto? Yo no. El surrealismo (corriente artística que siempre me ha fascinado) era encarnado por Dalí, Magritte o Ernst pero, oficialmente, Leonora no existía. Sin embargo, a raíz de este libro impresionante, descubrí que Leonora era una pieza fundamental de este movimiento, reconocida internacionalmente y con una vida tan fascinante como toda su obra. Conocer a Leonora es emocionarse, centrarse en lo importante que es ser fiel a uno mismo, conocerse y luchar por mantenerse al lado de nuestra sombra. Elena Poniatowska, con un lenguaje narrativo rico en imágenes y exhaustivamente documentado (llegó a entrevistarse con ella en varias ocasiones) nos acerca a esta mujer que, simplemente, enamora.

4. Cuentos escogidos. Shirley Jackson. Shirley, ¿cómo lo haces? Después de conocerla gracias a musasensutinta (Pilar, nunca podré agradecerte que me la dieses a conocer) y su Siempre hemos vivido en el castillo, me uno al grupo de "Fans de Shirley Jackson". En esta recopilación de cuentos, que incluye el inolvidable La Lotería, nos encontramos con un universo fascinante que nos envuelve con ese terror cotidiano y esa crítica ácida a una sociedad que excluye a la persona que es diferente o que se aparta del normativo social. Sus cuentos sobrecogen y enturbian una realidad de una forma tan escalofriante e impresiva que es como si nos tatuasen en la piel el dramatismo que se esconde detrás de cada gesto aparentemente inocuo. Shirley Jackson, una mujer que fue muy infeliz en vida, nos conmueve no a través de la crítica directa sino por medio de lo que calla, de lo que insinúa y muestra para que el lector, ese ser exigente y caprichoso, juzgue por sí mismo. Shirley, me conmueves.

5. Velocidad de los jardines. Eloy Tizón. He llegado a un punto en mi vida en el que estoy tan harta de que «los hombres me cuenten cosas» (que diría la genial Rebecca Solnit) que leer algo escrito por un hombre me da una pereza brutal. No es el caso de Eloy Tizón. Este libro lo abrí por casualidad gracias al boca a boca que tantas puertas abre y me enamoré de él. Concretamente, caí rendida de amor ante ese cuento inédito que hace las veces de prólogo llamado Zoótropo y en el que el autor hace un recorrido autobiográfico tan lírico y permeable que me lo llevé a casa. El resto de relatos no desmerecen esta fantástica reedición de lo que se considera el germen del postcuento en nuestro país y que constituye una lección magistral de compasión humana, empatía y belleza literaria. Si quieren leer un libro de cuentos con una carga literaria impresionante, unas imágenes que se funden con los poros de la piel y unas historias que se impregnan en nuestra vida de nostalgia y optimismo, este es su libro. Yo solo puedo decir que seguiré leyendo a Tizón y que descubrir que los jardines tienen velocidad, metamorfoseándome en uno de ellos, es una delicia. 

6. Normas de inseguridad. Almu Ballester. Sigo hablando de cuentistas, o más bien, diseccionadores de la realidad, porque Almu Ballester es una autora que a través de los relatos contenidos en esta joyita va desmenuzando, como si fuese a deconstruir una receta gastronómica clásica, retazos de realidad buscando un porqué para llegar a una conclusión que alivia y conmueve: no existen normas para el día a día; cada uno sobrevive como puede. Almu no plantea dilemas morales existenciales pero es fácil reconocerse en cada uno de los personajes que pueblan sus relatos. Viajando en el metro, caminando por una calle, reencontrándonos con un ex amante, recordando algo que una vez vivimos (¿u oímos? ¿o nos contaron?), esta excelente cuentista da una vuelta de tuerca a nuestro día a día inundando de un lenguaje exquisito y preciso como un tiralíneas un pedazo de nuestra realidad. Tras leerla uno se reconcilia con el relato breve (considerado un género menor) con gran efusividad y se queda con ganas de seguir aprendiendo más de sus "normas". 

7. Americanah. Chimamanda Ngozi Adichie. Aquí empieza el lío de mi ranking. ¿Cómo convencer de que el libro que ocupa el puesto siete es un gran libro que me enganchó desde la primera hasta la última página? El motivo por el que no está más alto en mi clasificación es por una necesidad de selección y de honestidad conmigo misma. Puesta a buscar "peros" que me ayudasen a elegir, Americanah, aun siendo un retrato imprescindible sobre la identidad de la mujer negra, y de la mujer independientemente de su raza; aun siendo una obra que podríamos llamar universal porque cualquier mujer puede sentirse identificada con ella y porque da un testimonio invaluable sobre la visión de EEUU (y de cualquier sociedad occidental europea) desde el punto de vista de una mujer inmigrante; ateniéndonos a estrictos criterios narrativos y literarios le 
encuentro un "pero": es demasiado redundante y repetitivo. Hay episodios que, en mi opinión, sobran e ideas que se repiten hasta la saciedad. Ese es el único pero. Por lo demás, Chimamanda es una comunicadora excelente con una gran visión de cuanto le rodea que conmueve y enamora a partes iguales. 

8. El corazón es un cazador solitario. Carson McCullers. Y aquí sigue el lío de mi ranking. No, El corazón, con ese título tan hermoso, no está tan abajo en la lista porque no me haya gustado, sino porque, como decía al principio, debía posicionarme y escoger. Y quizás porque me esperaba muchísimo de él tras todas las reseñas que había leído antes, o quizás porque La balada del café triste (mi favorito de McCullers) o Frankie y la boda me sumergieron tanto en un mundo literario en el que me anclé profundamente, lo cierto es que, aun adorando a McCullers, puestos a elegir no sería este el libro suyo que salvaría de un incendio en mi biblioteca. Es maravilloso. McCullers en estado puro. Pero confieso que en ocasiones me resultó lento y tedioso, demasiado exhaustivo en descripciones banales y carente del simbolismo del que gozan las novelas que mencionaba antes. Aun con una gran crítica vital, con la figura del sordomudo en el que todos vuelcan sus angustias aunque no sean comprendidos, no me atravesó con la profundidad con la que Carson suele hacerlo. A pesar de ello es un libro fantástico e imprescindible para disfrutar del estilo de la inconfundible McCullers.

9. La mano izquierda de Peter Pan. Silvia Herreros de Tejada.  La autora es una auténtica especialista en la figura de James Barrie. ¿Quién es ese hombre? Pues el autor del emblemático Peter Pan, ese personaje que le transcendió y devoró hasta el punto de que nadie recuerda quién le creó. Silvia Herreros nos enseña de una forma que atrapa quién fue ese hombre y, sobre todo, quién fue Cynthia Asquith, una mujer fascinante que le acompañó durante un largo período de su vida. A través de una serie de personajes-espejo, viajamos al pasado y regresamos al presente encontrando paralelismos entre el duo Barrie-Asquith y los investigadores David-Moira, ensamblando una trama dinámica y entretenida que a la vez nos permite profundizar en el mundo aristocrático de Asquith y en el literario convencional de Barrie. Sin embargo, tal y como comenté en la reseña, me esperaba un final más sorprendente, más rompedor. Aun así, dado que me gustan los libros con un contexto histórico en los que pueda aprender, disfruté mucho de su lectura. 







3 comentarios:

  1. Ay Raquel. ¡Quiero leerlos todos! Es que no puedes elegir mejor tus lecturas y además nos las presentas con esta devoción por la literatura que remueve tanto como las lecturas. Tus ránkings son una tentación y más para una fan de los relatos :). Tengo muchísismas ganas de empezar con Shirley Jackson, tengo la sensación de que querré leerlo todo de ella. Y "Apegos feroces" se está convirtiendo en una revelación como todos tus libros de #MaternidadesLit.
    Con Americanah también me pasó como a ti: engancha y está muy bien escrito pero lo supera "La flor púrpura". De todas formas, es Chimamanda <3
    Un placer como siempre pasar por tu rincón y llenar mi cuaderno de lecturas :)

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    Respuestas
    1. Mi Emma!! De Unknown nada que mi blog ya te reconoció en cuanto entraste y te preparó un cafecito :DD Yo siempre digo que en Twitter me siento muy acompañada y es gracias a lectoras maravillosas como tú que entienden mis inquietudes. Lánzate con Shirley Jackson, es una autora de las que se instalan contigo en el sofá de lectura para quedarse de por vida, no solo por cómo lo cuenta sino también por lo que cuenta, con su imaginación desbordada y tremendamente impactante. Y "Apegos feroces"... qué te voy a decir, me encantaría que lo leyeses y así poder comentar juntas tus impresiones. Es la vida misma...
      Respecto a Chimamanda, por supuesto, hay que leer "Americanah", aunque coincido contigo que a nivel literario "La flor púrpura" le da unas cuantas vueltas. Pero no deja de ser un "must" que hay que leer sí o sí y que cuando terminas deja esa sensación de buen sabor de boca agridulce propio de esta mujer que, simplemente, enamora.
      ¡Qué alegría verte por aquí! ¡Gracias!
      Un besote

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  2. Soy Emma Z. Que se me escapó anónimo (;

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